Piensa por un momento en tu infancia. Antes de que las tablets, juegos en línea o redes sociales llegaran, rara vez nos aburríamos. Nuestra cabeza era una máquina constante de crear cosas nuevas. Creabamos juegos de la nada y transformábamos cosas del día a día en algo completamente nuevo.
Jugar no era solo una forma de pasar el tiempo; era nuestro primer acercamiento a crear estrategias. Hay estudios en psicología cognitiva que demuestran que el juego no estructurado está relacionado con el desarrollo de la creatividad, la resolución de problemas y el pensamiento crítico.
Cuando un niño se inventa un juego en su cuarto, en el parque, en la calle, etc., en realidad está ejecutando un proceso de innovación:
-
Creando reglas
-
Probando hipótesis
-
Adaptándose sobre la marcha
¿Cómo iterábamos de niños?
-
Una caja de cartón no era basura; era un castillo, un coche o una nave.
-
Un balón podía ser parte de mil juegos distintos.
-
Decir “¿Qué pasará si…?”era el único plan que necesitábamos. No hacía falta tener las herramientas perfectas; solo hacía falta curiosidad
¿Qué cambió en nosotros?
Si éramos innovadores por naturaleza, ¿por qué hoy nos puede llegar a costar tanto proponer ideas nuevas?
Conforme íbamos creciendo y nos adentramos más al mundo empresarial, nuestro enfoque cambió. Empezamos a buscar respuestas correctas en lugar de hacer preguntas interesantes. Nos vimos obligados a seguir procesos seguros en lugar de explorarlos para mejorarlos, y el miedo a fracasar o a ser juzgados nos detiene.
Cambiar el “¿Qué pasará si…?” por el “Siempre se ha hecho así” es un gran freno para el crecimiento. Lo bueno, es que esa capacidad de innovación nunca se fue, solo está esperando a que la ocupemos nuevamente.
Innovar como niños (pero con experiencia)
No significa perder el profesionalismo ni volver a ser niños. Se trata de recuperar lo mejor de esa mentalidad curiosa y combinarla con nuestra experiencia:
-
Curiosidad sin miedo al fracaso
-
Probar sin tener todo claro, empezar por el MVP
-
Aprender jugando, disfrutando el proceso
-
Adaptarse rápido
-
Colaborar dejando el ego a un lado
Despierta a tu innovador interno
El pensamiento disruptivo es un músculo que puedes ejercitar. Esta semana, te invitamos a salir de la rutina y hacer algo diferente en tu entorno de trabajo:
-
Propón una idea en tu próxima junta sin preocuparte si está perfectamente pulida.
-
Haz esa pregunta «obvia» que todos están pensando, pero que nadie se atreve a preguntar.
-
Experimenta con una forma nueva de hacer una tarea de tu día a día.
La próxima vez que te encuentres en un bloqueo mental o a un proceso que parece no tener solución, pregúntate:
¿Cómo resolvería esto mi yo de niño?